ACEPTACIÓN O RESIGNACIÓN

Una de las bases de nuestra autoestima para que ésta se mantenga a un nivel normal, ni alto que nos pueda llegar hacer pensar que somos únicos e irrepetibles, ni bajo, como se suele decir: nuestra autoestima por los suelos, que parece que nos cuesta el hecho de levantarnos de la cama por la mañana, pues bien para que se mantenga a un nivel normal nos ayuda el saber aceptar, que no es lo mismo que resignarse.

El hecho de aceptar una situación problemática como parte de la vida, ampliando el concepto que podamos llegar a tener de la vida como que solo estamos para disfrutar, que cuando nos ocurre alguna desgracia solemos pensar y estar convencidos además de que todo nos toca a nosotros, de que los demás no padecen. Nada más lejos de la realidad. La realidad es la vida cotidiana, no lo que nuestra mente juega a imaginar, confundida quizás por la continua propaganda en los medios y en los círculos donde nos movemos en el sentido que son cuatro días los que vivimos y hay que disfrutarlos. No es cierto, vivimos bastante más que cuatro días y no estamos en este mundo solo para disfrutar.

La aceptación de este simple hecho hace que nos configuremos la vida de otra manera, una visión más amplia nos permitiría ver que son normales las desgracias que nos suceden, que tenemos una calidad de vida que para ellos la quisieran nuestros antepasados a pesar de lo que  suelen decir que antes se vivía mejor, no es cierto y aunque todo dependa del punto de vista de cada cual, si comparamos la calidad de vida de unos y de otros nada tiene que ver.

Es recomendable para nuestra salud mental que nos tomemos en serio el tema de saber aceptar las cosas tal y como vienen, sabiendo que pueden ser buenas pero también que por diferentes circunstancias no es que nos toquen las malas sino que por simple lógica tenemos que aceptarlas como parte de la lotería que toca vivir, tratando siempre de aprender de estas últimas que si lo vemos de éste modo nos podemos incluso llegar alegrarnos de que nos sucedan. Y el ejemplo lo tenemos en muchas personas que han tenido una desgracia del tipo: separarse de su pareja , perder la visión o quedarse en silla de ruedas, no es agradable, a nadie le gusta que le sucedan cosas así, lo vemos como que no hay una vida después de eso, para la mayoría de la gente tal vez, pero ha habido y hay personas que han bajado al fondo y luego han empezado a subir, cambiando el chip, cambiando la forma de pensar cambiándose el dialogo que mantienen consigo mismos, hasta llegar a formularse la sentencia: si esto no me hubiera sucedido jamás hubiera podido sentir lo que siento y nunca hubiera imaginado que podría ser más feliz que incluso antes del accidente o de la enfermedad, eso existe.

La resignación es un tema bien distinto al de la aceptación, resignarse es aceptar lo que no parece tener remedio,  tú aceptas que haga frio o calor porque no tienes opción, pero en situaciones donde tienes oportunidad de cambiar las cosas, donde con tu actuación puedes modificar el resultado de un tema y no lo haces, te dices: es inútil, al final va a pasar esto o va a suceder lo otro, eso es estar derrotado antes de empezar a luchar.

Es conveniente mantener el dialogo consigo mismo en términos positivos, no falsamente positivos, intentando acoplar tu realidad a la realidad que te rodea en tu ambiente social, somos una parte más de la sociedad con lo bueno y malo que ello supone, acéptalo.