La vida es como montar en bicicleta: para mantener el equilibrio tienes que moverte constantemente. (Albert Einstein).

El coaching se persigue el crecimiento personal, el desarrollo de los talentos y la superación de los propios límites, concebido sobre todo para intervenir en situaciones en las que la persona tiene dificultades para alcanzar sus objetivos, encontrándose limitado por su actuación disfuncional en cuanto a conseguirlos. Como ejemplo se puede citar al deportista que insiste en entrenamientos agotadores con la intención de conseguir un rendimiento mejor y obtiene el resultado contrario, porque el sufrimiento del entrenamiento provoca una reacción emocional adversa ante el rendimiento. La terapia en estos casos se dirige en concentrar la atención del deportista en la búsqueda de sensaciones positivas: cuando está entrenando esas agotadoras sesiones, animarle a interrumpirlas, instándole a dejar el entrenamiento cuando perciba la sensación de euforia, esto permitirá que esta euforia quede grabada en su mente, motivándole hacia una práctica orientad al objetivo.

La concentración en las sensaciones positivas, más que en los esfuerzos cada vez mayores que hay que realizar para mantener y mejorar su nivel, crea una interacción constructiva basada en el placer y no en el dolor o en la fatiga. Albert Einstein lo sabía bien: cuando tenía dificultades para resolver un problema, se levantaba de la mesa de trabajo y tocaba el violín un rato; luego se concentraba de nuevo en el problema y muchas veces había encontrado la solución creativa.

Otra ilustración es la del directivo que, al llegar a un punto de su carrera no consigue avanzar más porque necesita una revisión de sus estrategias, aquellas que le incitaron y motivaron en un principio a conseguir los iniciales objetivos, estas personas que por lo general son propensas al cambio, repiten lo que en un momento determinado les proporcionó el éxito y acaban alimentando aquello que querían cambiar, porque insistir en lo que les ha llevado hasta allí, no les permite evolucionar, de lo contrario ya lo habrían hecho. Resulta sorprendente que, a veces, personas muy dotadas y exigentes se queden atrapadas en la repetición de las estrategias que les han conducido al éxito, sin conseguir desarrollar estrategias para los nuevos desafíos. En estos casos, la terapia se orienta a que la persona reflexione a diario, el cómo podría conseguir que su situación empeorase, en vez de mejorar, esto, basado en la lógica paradójica permite que la persona se dé cuenta de que si insiste en hacer lo que ha hecho, siempre obtendrá el mismo resultado, pero nada más.

Si estamos dentro de un sistema no podemos ver lo que al de fuera le parece evidente. Al pretender empeorar la situación hace provocar una sensación aversiva frente a lo que hasta ese momento parecía positivo, produciendo un autentico cambio en su perspectiva, provocando un cambio emocional correctivo que , posteriormente se consolidará cambiando las anteriores estrategias en otras más adecuadas a los objetivos a conseguir. Esto permite al directivo, no solo desarrollar nuevas estrategias, sino adquirir flexibilidad mental y un diferente dialogo consigo mismo que le permitirá percibir cuando empieza anquilosarse en posturas que, si bien en un principio eran eficaces a los objetivos a conseguir, se convierten en obsoletas para los nuevos objetivos propuestos.