ANSIEDAD

La ansiedad como se conoce hoy, es la natural disposición del organismo para evitar un daño,  es bueno tener ansiedad para evitar un daño, para evitar un susto, para mantenernos en nuestra zona de confort, sin ella nos cogerían de improviso, nos sorprenderían, con el consiguiente asalto a nuestra tranquilidad. Otro tema es si la amenaza es real o es imaginaria, las amenazas reales, estadísticos al respecto nos dicen que más del 90% de las mismas son fruto de nuestra imaginación como decía Michel de Montaigne: Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron.

Nuestro cerebro se acostumbra a emitir una serie de alarmas ante acontecimientos que se pueden considerar normales en nuestra vida, se pueden considerar normales en cerebros que pueden encontrarse estresados en momentos puntuales ante sucesos que se salen a veces de lo cotidiano, pero que fácil para nosotros cuando se previenen las cosas, evitamos sorpresas desagradables y “malos rollos” que fácil ordenar al cerebro que ante acontecimientos por venir de dudoso resultado le ordenemos actuar, le ordenemos un nivel de alerta que no se corresponde con la situación. Total puedo hacerlo y lo hago sin tener en cuenta que estas órdenes para nuestra mente se pueden convertir en hábitos, malos hábitos donde la expresión matar moscas a cañonazos es bastante acertada.

Los automatismos son lo opuesto de la auto-observación. La facultad de poder mandar a nuestro cerebro, aparentemente sin esfuerzo, unas determinadas medidas de seguridad para evitar supuestos males, se crea el peligro de cronificar hechos absolutamente intrascendentes que con una simple mirada a nuestro interior, o analizando cuidadosamente la situación se puede llegar a la conclusión que la amenaza no era real o al menos no tan peligrosa como habíamos imaginado en un principio.

Por otro lado, si anticipamos algo que está por venir y a lo que tememos, cuando éste llega, cuando el acontecimiento llega, nuestro organismo no se encuentra al 100 por 100 en su nivel de energía, seguramente se haya ido desgastando como consecuencia de haber agrandado la magnitud del suceso, o lo que es lo mismo de habernos empequeñecido ante él, bien por que es desconocido, porque hemos oído cosas tremendas o porque simplemente estamos en la creencia de que cuanto más pensamos en ello, estaremos mejor preparados para afrontarlo y no es cierto, la mejor manera que tenemos de afrontar una situación complicada es estar concienciados de su complicación pero relajados y confiados en que esa situación se va a resolver, no diciéndoselo uno, sino creyéndoselo de veras.