La importancia de que se acepte interiormente de que el hecho de llevar razón no implica que se tenga que manifestar ese “yo tengo razón” a toda costa, es uno de los objetivos prioritarios de las terapias dirigidas al autocontrol. Es una especie de “as en la manga” que se reserva y está especialmente indicado para personas que pecan de impulsividad y falta de control.

Realmente todos en algún momento cometemos ese tipo de errores, propiciados sobre todo por faltas de autoestima o por haber visto lesionados nuestra modo de ver las cosas de forma reiterada y constante, como queriendo demostrar que uno es capaz de pensar cosas de forma lógica.

Es saludable para nuestra salud mental el coger hábitos saludables, tales como el crearse una mochila imaginaria y acumular en ella tantas razones no reconocidas por los demás  como seamos capaces, de manera que ante los otros se tenga la impresión de que no es necesario justificar nuestros actos con palabras, parece que justificando estos, queremos apoyarnos a nosotros mismos en lo que hacemos y pensamos y si lo piensas bien, no necesitas la aprobación de los demás para sentirte tú bien ante una duda que te surja de algo que has realizado, estaría bien que tuvieras ese respaldo, pero conciénciate, no lo necesitas.

Uno de los grandes objetivos de encontrarse a gusto consigo mismo en el camino de la vida, no basta con tener razón en todo lo que se hace, la razón te puede ayudar en tu autoestima o para fomentar tu “ego” pero se tiene que ver el punto de vista de los demás y reconocérselo, solo así reconocerán el tuyo, esto refuerza lo dicho en el párrafo anterior: no necesitas la aprobación de los demás para saber si llevas o no razón, pero estás viviendo en una sociedad y debes ser consecuente con ella, y hay una diferencia notable en reconocer el punto de vista de los demás, reconocerlo y aceptarlo en ocasiones, que estar pendiente de lo que los otros digan y no hacer nada por uno mismo hasta que sea aprobado manifiesta o implícitamente por los demás.

Todo ello se resume en un par de frases: reconoce la opinión de los demás, su derecho a manifestarla, reconoce que te gustaría que coincidiera su opinión con la tuya, parece como si esa opinión se generalizara es más poderosa por el simple hecho de compartirla más personas, pero simplemente eso: me gustaría, si no es así, no necesitas la aprobación de los demás, equivócate, estás en un momento de tu vida en que puedes hacerlo y tienes el derecho de hacerlo, las grandes innovaciones vienen con frecuencia de grandes equivocaciones.