El león reflejado

Entre el ancestral pueblo pigmeo se cuenta la siguiente historia:

Un día, un sediento león se acercó a un lago de aguas transparentes y, al asomarse para beber, vio por primera vez su imagen reflejada. Asustado, pensó: «Este lago es territorio de ese fiero león. ¡Tengo que marcharme!».

Pero el animal tenía mucha sed, así que, al cabo de unas horas, decidió volver. Se aproximó sigilosamente y, justo cuando inclinó el cuello para beber, ¡ahí estaba de nuevo su rival! ¡No se lo podía creer! ¡Qué veloz y atento era el maldito animal! ¿Qué podía hacer? La sed lo estaba matando y esa era la única fuente de agua en kilómetros a la redonda. Desesperado, se le ocurrió rodear el lago para penetrar por un recodo oscuro. Cuando llegó al lugar, se arrastró hasta al agua y…, ¡pam!, ¡las mismas fauces frente a él! Estaba hundido. Nunca se había enfrentado a alguien tan territorial… Pero el león tenía tanta sed que decidió jugársela. Se armó de coraje, corrió hasta llegar a la orilla y, sin pensarlo, metió la cabeza en el agua.

Entonces fue cuando, como cuentan los ancianos pigmeos, ¡se hizo la magia!: su feroz rival había desaparecido para siempre.

Este cuento tan ilustrativo de nuestros miedos, de nuestras ansiedades refleja que en muchas ocasiones no tenemos que pararnos a pensar en las consecuencias y responsabilidades que atoran nuestra imaginación, nuestra forma de hacer las cosas: “no voy a hacer esto por lo que los demás piensen”,” no puedo lanzarme de esta manera tan alocada a la piscina (sentido metafórico) porque tengo experiencia en otros fracasos”, si tu mente lo ha visto viable, no sin riesgos pero viable, adelante arriésgate, lo peor es que no lo intentes.

Este pasaje se refleja en nuestra vida cotidiana, en la actualidad con la pandemia en pleno auge, escuchas las noticias y se te encoge algo, no sé si el alma, pero algo notas que te agarrota. Es tiempo de actuar, de realizar y de practicar la psicología cognitiva, esto es, cambiar el chip, eres libre para pensar como te dé la gana, también eres libre para sufrirlo y casi no precisas que te digan cómo hacerlo. Yérguete, levanta tu cabeza estés en la posición que estés, y percátate de lo que está ocurriendo, de cómo te estás comportando, de cómo eres y de cómo te gustaría ser, date cuenta de ello y respira, simplemente respira y concéntrate en cómo te gustaría actuar, trata de identificar tus miedos: que la gente se muere?, que tú puedes coger la enfermedad y morir? Que te pueden despedir del trabajo? Que las personas que dependen de ti, lo pasaran mal? Todo eso es cierto, pero pregúntate: consigues algo con tus pensamientos de preocupación? Se te hace más liviana tu vida actual con ellos?

Estas en esta vida porque se han juntado un montón de casualidades, si tienes la dicha de estar en ella, de luchar en ella, de morir en ella, alégrate por ello, disfrútala. Para conseguir los objetivos: tienes que informarte bien sobre ellos,  trabajar, a veces trabajar mucho y luego confiar en la suerte. En caso de la pandemia, tienes que hacer tu vida de la manera más completa posible, tomar las precauciones que te aconsejan constantemente y luego confiar en la suerte, pero no puedes dejarte atenazar por el miedo, incluso concienciarte, si me contagio, estaré bien de igual modo, quizás me afecte mucho o poco pero estaré bien, estaré haciendo lo que tengo que hacer.