El miedo más temido es aquel que se desconoce, cuando vemos una película el temor más irracional que nos asalta es aquel que no sabemos cual es y con ello juegan los directores, juegan con la desbordante imaginación del ser humano, modelan nuestras emociones, gestándose para dar la dosis adecuada de intriga, suspense o miedo.

La imaginación o la fantasía de las personas es una maravilla y como tal hay que aceptarlas, somos los únicos animales que poseemos ese don, nos puede acercar a las cosas más hermosas y maravillosas o acercarnos a los abismos más insondables, inexistentes o delirantes que nos podamos imaginar y lo que es peor, creérselo.

Ante este tipo de crisis que nos hunden en la miseria, generalizamos nuestros pensamientos hacia lo peor que nos pueda pasar, tenemos que tratar de establecer con nosotros mismos una serie de estrategias, que siempre que aparezcan este tipo de razonamientos nos podamos aferrar a unos eslóganes o directrices que nos hayamos creado  y reflexionado anteriormente a esos episodios negros. Entre ellas:

  • Las crisis son momentos idóneos para cambiar, para darnos una oportunidad diferente a como solíamos actuar, abrirse siempre a la posibilidad de un cambio de opinión, puede ser que el otro lleve razón.
  • Evita las descalificaciones absolutas, los prejuicios, a lo mismo que tú puedes llevar la razón, es posible que el otro también la lleve, o al menos lleve su razón.
  • Darse cuenta de que es bonito transformar al otro o dejarse transformar por los demás, no es un síntoma en absoluto de falta de personalidad, tú puedes coincidir con el otro sin que por ello te sientas anulado.
  • Cada vez que algo nos “choque” investígalo más a fondo, que es lo que se te ha podido escapar en sus argumentos.
  • La perfección no existe en el universo, habrás oído siempre decir que de los errores se aprende más que de los aciertos, al menos se aprende lo que no se debe hacer y eso es cierto, en un problema quizás no sepas cómo hay que resolverlo pero seguro que sabes lo que no se debe hacer.