Se sabe que la ansiedad nace ante un temor exagerado a ciertas situaciones. También existe la hipótesis contraria, según la cual primero son los síntomas (taquicardia, vértigo, sensación de ahogo, sudoración, etc.) a los que sigue un lógico temor a que se vuelvan a repetir y se asocian a situaciones citadas en el primer apartado. Probablemente sean ambas cosas, lo que vamos a tratar de hacer es desmontar razonadamente los pensamientos que nos conducen al temor y, del temor al pánico.

En primer lugar, hay que identificar cuales son este tipo de pensamientos. Imagina que estás en tu casa, en la actualidad confinado, sin posibilidad de salir para verificar tus temores, lo más probable es que tengas pensamientos de este tipo: “tendré la neumonía y soy asintomático” “se lo podré contagiar a mi familia” “por ahora estoy bien, pero quien sabe dentro de unos días”, “estoy empezando a notar cosas raras”, al final decides gestionar para que te hagan la prueba a base de exagerar tus síntomas, con un familiar que tienes en el servicio sanitario y te la hacen, sale negativo. Enhorabuena, has conseguido superar tus miedos.  Esto es lo que jamás debes de hacer, lo único que has conseguido ha sido alimentar tus temores más allá de lo razonable, la próxima ocasión vendrán con más fuerza.

 

El paso siguiente es  tratar de razonar tus miedos. Si sientes ansiedad por ejemplo al ir a un supermercado, ¿Qué es lo peor que podría pasar?:

  • que me dé un ataque al corazón: falso. Está demostrado científicamente que para que eso suceda debe haber algún tipo de lesión grave en el corazón o las arterias. Si te has realizado algún chequeo y esta no aparece, y no tienes el colesterol alto, sobrepeso, eres fumador, bebedor y hombre, no tienes por qué temer que te dé. Debes saber que el estrés es el último factor en importancia y debe de ir unido a los anteriores para terminar en un infarto. Es más, las constantes subidas y bajadas de pulsaciones de una persona con ansiedad, ejercitan el corazón y lo hacen más fuerte. Así que no temas esto ni lo utilices como excusa para evitar algo.
  • Que me desmaye: falso de nuevo. Durante una crisis de ansiedad, la tensión arterial aumenta. Los desmayos se dan con tensión baja, así que es incompatible la ansiedad con un desmayo.
  • Que me vuelva loco: otra vez falso. Durante una crisis de angustia, nuestras pupilas se dilatan de forma anormal para ver mejor a nuestros lados. Esa dilatación provoca que las imágenes no sean muy precisas y la realidad se deforme. A ti te puede parecer que ves cosas irreales, pero no es así. También puedes creer que vas a hacer cosas propias de un loco (atacar a alguien, comportarte de forma poco habitual, gritar, etc.) esto es propio de la inseguridad que provoca la ansiedad o las crisis de pánico. Nada más lejos de la realidad. Lo más que te sucederá será que huirás de esa situación, nada más.
  • Que me asfixie: cuando aparece la ansiedad, la respiración se vuelve más rápida para oxigenar mejor los músculos. Como no huimos ni luchamos, lo que se produce es un efecto contrario y llega la cerebro más CO2 de la cuenta, con lo que notaremos sensación de falta de oxígeno (asfixia). En esta ocasión, si es un miedo justificado pero, sabiendo que es propio de la ansiedad, lo correcto sería tratar de que no se repita la crisis de ansiedad.

En el caso del temor a contagiar a tu familia, que puedes hacer? no puedes hacer mucho, date cuenta de la situación que hay, no en tu país, sino en todo el mundo, es como si te levantas y no te gusta el día lluvioso, que puedes hacer? en vez de plantearte que pueden cambiar las cosas, también puede cambiar tu percepción, también puede cambiar tu chip, también puedes aceptar las cosas como vienen.

Bueno, pero, ¿Cómo evitar estos pensamientos, se aparecen espontáneamente? Prueba a discutírtelos contigo mismo. En el caso anterior, una persona teme ir a un supermercado. Seguramente no es el único miedo que tiene. Si es agorafóbico es que, en general, tienen ansiedad patológica. Ya en casa has anticipado la situación. Te has imaginado las peores cosas. En el supermercado, has entrado con temor, sin confianza en ti mismo. A las primeras sensaciones tu sistema nervioso responde de forma errónea, identificándolas con experiencias negativas anteriores. Que no te dé un ataque de pánico con este modo de hacer las cosas es casi milagroso. ¿Qué debería haber hecho? Para empezar, si sabes que tienes que ir a un supermercado, deberías haber hecho relajación. También deberías de haber imaginado la situación de forma positiva, viéndote a ti mismo en el supermercado tranquilo y relajado, como tantas veces lo habrás hecho. Si hay que anticipar, ¿Por qué imaginar que volverá a pasar lo que pasó una o diez veces? ¿por qué no imaginarse en ese lugar como en las cientos de ocasiones en las que no ha sucedido nada?

También deberías haber cortado cualquier pensamiento negativo nada más salir de casa. Si al pisar la acera te encontraste mal, debiste pensar “tranquilo, sé que es esto y como vencerlo” y reforzar ese pensamiento “ya me encuentro mucho mejor, adelante”. Una vez en el supermercado, debiste de razonar (discusión cognitiva) las primeras sensaciones negativas.

Probablemente, la primera vez que hiciste esto, lo pasarías tan mal como otras veces. Pero a la cuarta o quinta (o centésima) vez, tus sensaciones y tus emociones empezarán a normalizarse. También debiste de reforzar tus objetivos o motivaciones. “he venido a comprar ese disco y no me voy sin él”, “me encanta la música de éste cantante”. También debiste de imaginarte ya en tu casa, tranquilo y escuchando ese disco. Y, por supuesto, una vez en casa debiste de potenciar lo que habías hecho, “ole mis…, lo conseguí, estoy hecho un campeón”. Esto es lo que vence a la ansiedad y los miedos, saber que pueden superarse. Si no se prueba jamás a luchar, jamás se ganará. En tu lugar, es probable que te marcharas sin comprar el disco. Mientras huías a casa, no dejaste de sentirte mal, y, una vez en casa, comenzaste a culpabilizarte y a reforzar negativamente tu enfermedad con pensamientos del tipo: “estoy enfermo… soy un cobarde… jamás lo superaré… ¿Qué será de mi?… es lógico pensar que estas machacando constantemente (tantas veces como evites situaciones) tu autoestima. Cada evitación es un paso atrás. Bueno, pues ya sabes. Procura hacer lo que debes y no te desanimes por los traspiés que des. Que no te suceda como a este individuo, y, si tienes que evitar una situación, no le des más importancia. Analiza que hiciste mal pero jamás te culpabilices por ello. Date un margen de error y de tolerancia con las debilidades. Otros tienen otras y no se “machacan por ello”.