En muchas ocasiones la ansiedad o la depresión son consecuencia de una reacción de incompetencia ante las demandas complejas de una sociedad cada vez más exigente. La mayor parte de las teorías psicológicas al respecto se dividen en la expresión de opiniones o sentimientos por un lado  y en las consecuencias de esa conducta como el refuerzo social o las recompensas, por otro. La definición se podría quedar en que la conducta socialmente habilidosa es el conjunto de conductas emitidas para expresar deseos, opiniones o sentimientos adecuados a una situación concreta dando como resultado la resolución de los problemas inmediatos a la vez que evita futuros problemas.

En ocasiones esta ansiedad a la que se hacia referencia, impide la emisión de este tipo de conductas, creándonos frustración e incompetencia. Ello puede ser debido a no haber adquirido o haber aprendido defectuosamente la cadena de conductas necesarias para desarrollarlas, pero el aprendizaje de esta cadena puede subsanarse en el individuo cuando éste aprende de forma clara, bien a través de la guía de profesionales o de la literatura, respuestas especificas o patrones de conducta adaptativos a cada situación concreta, que una vez consolidados y viendo la persona que estas conductas son reforzadas socialmente, se produce un efecto de generalización a otras conductas en las que antes era socialmente ineficaz.

En el tratamiento de este trastorno se suele incluir un construcción de un sistema de creencias que mantenga el respeto por los propios derechos personales y los de los demás, distinción entre respuestas asertivas, es decir respuestas socialmente aceptadas, no asertivas y agresivas, una reestructuración de la manera de pensar incorrecta del sujeto o que se perciba la importancia de lo que el individuo se dice a si mismo en los sentimientos que se generan y por fin un ensayo conductual, es decir ensayar metódicamente respuestas adecuadas en situaciones concretas.

De todas estas fases o etapas destacaría sin ninguna duda, el dialogo interior que mantiene un individuo consigo mismo durante y posterior a la emisión de una conducta de interacción con sus semejantes. Para empezar, ser consciente de la propia conducta que se emite, no tratarla de modificar inmediatamente, solamente ser consciente de ella, por lo general al individuo, en su afán de perfección, no es necesario decirle lo que tiene que hacer en cada momento, solo que sea consciente de sus respuestas a una situación, luego hacerle ver la reacción correcta o idónea en el caso de que por si mismo no la vea, pero reitero en que no se trata de modificarla nada más emitirla sino que la persona se de cuenta de cómo actúa. Al actuar de esta manera la autoestima del sujeto sube de manera notoria, llevándole a la percepción de que ha sido él quien se ha dado cuenta y ha corregido su déficit social.