HACER EL RIDÍCULO

¿Qué imagen social crees que tienes?

Amigos, familia, compañeros, conocidos, gente que tienes buena química con ellos, que imagen crees que tienen ellos de ti? Le das mucha importancia a esa imagen? El mantener una imagen de ti, no crees que es una especie de necesidad inventada?

Todos somos “fallones”, iguales en la amplia expresión de la palabra, casi todos disimulamos cuando tenemos algún fallo, a casi todos nos da vergüenza confesar esas ocasiones en nuestra vida en la que nos hemos sentido pequeños, avergonzados, cuando hemos cometido algún error, pero todos los tenemos. El sentir vergüenza es una emoción perjudicial que afecta a muchas personas en mayor o menor medida. Uno de los sectores de la población que más lo sufre son los que padecen una fobia social, personas normales que sienten el temor de sentirse heridos o hacer el ridículo ante los demás y se inhiben  de hacer cosas en las que realmente disfrutaría, pero no lo hacen, por temor a la respuesta de los demás, por temor al rechazo de sus iguales, cuantos de nosotros no nos hemos arrepentido no de haber hecho algo mal, sino de no habernos atrevido a llevar a cabo algo que en ese momento nos hubiera hecho ilusión? Hay tantos que no emprenden proyectos por temor al fracaso o al qué dirán.

En nuestra sociedad el decir cosas sencillas y claras como: amar la vida y a los demás que es uno de los principios fundamentales de la felicidad, te tachan enseguida de puritano, beato y que se yo que más. Esta fundamentación viene muy apropiada al sentido del ridículo, por el motivo de que es el único valor importante en nuestra vida, si nos concienciamos en ello, si le damos la importancia que tiene, las cualidades tontas de las que estamos muy orgullosos de poseer y presumir ante los demás, como la belleza, la inteligencia, las habilidades de cualquier tipo, todo eso no es nada comparado con el hecho de amar la vida, entender a los que nos rodean, en suma vivir.

Uno de los pasos fundamentales para ver lo anterior, es construir y desarrollar una humildad radical, pero radical en el amplio sentido de la palabra, hasta los tuétanos y convencerse de ello, una vez convencido de que es una virtud con la que te permitiría disfrutar de muchas cosas, el paso siguiente es ponerla en práctica, poco a poco, comenzando por las cosas sencillas y comparando: esto lo solía hacer antes de esta manera, por ejemplo me ponía como un pavo cada vez que me elogiaban en algo que hubiera hecho, ahora con la humildad incrustada en mi persona, me obligó a huir de esos elogios, agradeciéndoles claro, pero no creyéndote en absoluto, es más pensando en cómo puedes mejorarlo y en la cantidad de cosas que todavía haces mal, en lo imperfecto que eres. Esto puede parecer un ataque directo a tu autoestima, pero nada más lejos, tu autoestima sufre cuando los demás te elevan, te suben, elogiando y de repente sin saber porque te han bajado hasta los infiernos esos mismos que te subieron, te han bajado a la altura del suelo, ahí si que sufres, pero no ocurre lo mismo cuando eres tú el que no te envaneces, el que no te lo crees cuando te suben.