La definimos como a la sensación de nerviosismo o malestar ante situaciones en que no nos sentimos seguros de nosotros mismos, de nuestra actuación, de la interpretación que puedan hacer los demás, es decir de ser vulnerable. La persona insegura no solo duda de si misma, tiene el temor también de que los demás le defraudarán al no entender su estado de ánimo, su forma de comportarse. Este tipo de personas, cada vez más frecuente, si le vienen circunstancias positivas las achacaran a eventos temporales, al contrario que las negativas que las magnifican,  considerándose patrones fijos en su vida.

Este tipo de patología puede derivar en paranoias, timidez y aislamiento social y también a la vez en conductas de arrogancia, narcisismo o agresividad como defensa a supuestos ataques de los demás. Los adultos agresivos son como niños confundidos que no se dan cuenta de que las únicas relaciones que aportan felicidad son las basadas en dar el mayor cariño posible.

Hay muchas personas con baja asertividad que ante una situación comprometedora, por ejemplo que alguien se te cuele en una cola y tú por miedo a montar un pollo lo dejas pasar, porque el solo hecho de ser el centro de atención de los demás te agobia, eso se debe a los mecanismos mentales que siguen al darse cuenta de que la otra persona, consciente o inconscientemente se te ha colado. Esas creencias que componen los mecanismos son los que tú puedes cambiar.

La mayoría de la gente opina que expresarse para reclamar justicia, como en este caso, es cuestión de enfadarse, cabrearse, reclamando o exigiendo la razón y nada más lejos, si lo piensas detenidamente vas prácticamente a conseguir lo mismo si mantienes la calma y con tranquilidad expones a la otra persona tu parecer, teniendo muy claro y concienciando antes, que si el otro se aviene a razones, se pondrá detrás de ti y si no es así, estará bien también, dando a entender con tu conducta en que no te importa perder veinte segundos más en la cola, y tampoco te importará que la persona que se te ha colado te haya tomado por “tonto”, sabes que no lo eres, que importa lo que el otro piense.

Saber lidiar con las imperfecciones del otro nos aporta subidones de autoestima, nos hace reafirmarnos en nosotros mismos ya que en las  buenas relaciones se halla una de las fuentes de gratificación más importantes de la vida, si nos empeñamos en ser infantiles e hipersensibles no acabaremos de madurar con el consiguiente rechinar en nuestra vida.