El antídoto del miedo, de nuestros miedos, que maravilla tener la seguridad de que va a suceder tal cosa o de que vamos a saber actuar ante las dificultades que se nos presenten de una manera fiable y correcta, que fácil seria así la vida. No nos engañemos, la chispa que tiene la vida, el considerar que una vida puede llegar a ser vivida, es por la incertidumbre, por el no saber que pasará mañana, el tener poca confianza en nosotros mismos hace que miremos a los retos como amenazas reales de vida o muerte, sin darnos cuenta de que son experiencias vitales que nuestro organismo necesita para cambiar, para adaptarse a esa naturaleza y sociedad en continua evolución.

Nos encantaría saber que nuestra salud, nuestra familia e incluso nuestros sentimientos están asegurados frente a los peligros que continuamente nos amenazan. Todos queremos estar protegidos y para ello contratamos seguros de salud, de vida, queremos asegurarnos de que si no disfrutamos lo suficiente, nuestros seres queridos si que lo hagan. No podemos olvidar que en el nombre de la paz y la seguridad se desarrollaron armamentos completamente destructivos, también en nombre de la seguridad interior muchas personas han caído en dependencias psicológicas o farmacológicas que no terminan de resolver. Multitud de personas padecen crisis de ansiedad y depresión sin motivos aparentes, nuestro estilo de vida, nuestra sociedad así nos lo dicta y como el individuo se distrae con supuestos problemas y cosas en las que pensar dejamos de lado lo importante.

Nos rodeamos de falsas necesidades y nos mantenemos “en boga” en la moda y si alguna vez nos faltan estas necesidades, provocan en nosotros fobias y miedos desconocidos. Ante esto no se debe tener vergüenza alguna en reconocer que somos débiles e inseguros, que somos al fin humanos y uno de los aspectos propios del ser humano es su debilidad, su fragilidad, su dependencia.  A todos nos gusta dar una imagen de suficiencia, de “saber estar” incluso cuando nos preguntan: ¿Qué tal? aunque no lo estemos procuramos decir que todo bien, todo perfecto para suscitar un poco al envidia ajena o más bien para que nadie se entere de que tenemos miedos e inseguridades, de que las defensas las tenemos bajas como si temiéramos que los demás nos puedan hacer más daño.

No existe la seguridad absoluta, la perfección absoluta, el modo de actuar seguro y fiable, cada cual dirige su vida como mejor sabe hacerlo, es una falacia el considerar que lo hacemos perfecto, que uno es más inteligente que otro en todos los aspectos, puede ser más efectivo para ciertos campos más que otros, pero hasta ahí. Para empezar no existe un criterio científico claro de que es lo que se considera inteligencia y existen multitud de inteligencias para que alguien se arrobe la causa para él solo.