¿Como nos gobernamos en la vida?

Por que tenemos la sensación de que hay siempre a nuestro alrededor cierto tipo de gente que nunca parecen tener problemas?

Es que la vida está hecha para que unos la disfruten y otros no?

A poco que nos paremos a pensar en estas últimas reflexiones nos daremos cuenta de lo ilógico de las mismas; Como en esta vida que todos compartimos en el planeta tierra, que supuesta mente todos somos iguales, con los mismos accesos al estado del bienestar, al menos los referidos dentro de un mismo estado, a unos siempre les vaya mal, incluso fatal y a los demás, no?

Se le puede atribuir, algunos lo hacen al factor suerte, otros al ser más trabajador/ra,  otros a saber solucionar mejor sus problemas, los menos a que están predestinados a vivir esa vida, e incluso otros pueden especular con creencias o afirmaciones fuera de lugar que no se ajustan a lo que se puede llamar un criterio racional.

Pues bien ante todos estos argumentos que nos podamos decir para convencernos de la mala suerte que tenemos en la vida, muchos profesionales de la salud mental, psicólogos, psiquiatras, estudiosos y científicos coinciden en afirmar que todos los seres humanos tenemos problemas, a veces grandes problemas pero que no son los problemas los que nos amargan la vida, es la interpretación que hacemos de ellos lo que nos resta calidad de vida.

Porque un mismo problema para una persona es un mundo y para otra simplemente forma parte de la cotidianidad de su vida?, es la interpretación, la interpretación que cada uno hace de lo acontecido. Con ello no se quiere decir que siempre se tienen que interpretar las cosas de manera positiva o de manera conveniente, no, como se tiene que interpretar en pro de una buena salud mental es interpretarlo de manera racional, si los sucesos son negativos, habrá que interpretarlos de forma negativa, no hay otra, pero no de manera exageradamente negativa, diciéndonos que el mundo se acaba o que es lo peor que nos puede pasar. Porque esos pensamientos al final nos lo acabamos de creer y  esa forma de pensar se tiende a generalizar.

Todo esto viene dado principalmente por la forma en que de manera habitual resuelve uno sus dificultades, es decir sus hábitos; hábitos que se formaron en su momento y que en esos instantes  interpretaba como sabia o como le habían enseñado a resolverlos mejor o peor, pero la clave en muchas ocasiones no está en resolverlo bien o mal, sino en cómo nos “machacamos” a posterior, en cómo nos exigimos, en que la próxima vez no nos volverá a pasar lo mismo, es decir nos flagelamos  inútilmente, cuando lo único que nos tendríamos que decir: lo hice lo mejor que supe y pude, si salió bien, estupendo y si salió mal, aprenderé de ello.