Existen diferentes estrategias para que el paciente preste la atención adecuada, es decir ninguna, a esos pensamientos que le martirizan, que influyen en su calidad de vida en fin a esos que quiere quitárselos de encima como sea porque son nocivos para el/ella y les dan una importancia que no tienen.

El primer paso es colaborar con el paciente a identificar ese tipo de pensamiento, saber que ocurre, hay veces que están tan automatizados que no nos damos cuenta de que ese pensamiento ha aflorado en nuestra mente y le hacemos caso porque procede de nuestro cerebro que es el que manda y no solemos cuestionar esas órdenes.

Siendo conscientes, normalmente a posteriori, de que ha tenido lugar ese pensamiento, el siguiente paso es tratar de racionalizarlo esto es le pasaremos por el filtro de la objetividad: es posible que ocurra lo que temes? Que pruebas tienes? Ha pasado antes?

El filtro de la intensidad: que grado de malestar notas?

El filtro de la utilidad: esto que piensas te ayuda a superar el problema?

Y por último el filtro formal: el pensamiento que te viene y con el que luchas se realizará de forma probable o con absoluta certeza.

Esto que a primera vista puede parecer un poco engorroso, no lo es, a medida que se coge práctica se va automatizando, exactamente los mismos pasos que siguió tu pensamiento negativo para instalarse en tu mente. Este pensamiento no tiene más fuerza que los demás pensamientos racionales o aquellos que nos ayudan a solucionar problemas en nuestra vida, somos nosotros los que le damos la importancia que no tienen y no es que estemos locos o tarados o que nuestro cerebro no rige bien, simplemente tenemos fallos como todo humano que se precie y esos fallos que pueden estar provocados por el estado en que en ese momento nos encontramos: estamos ansiosos estamos deprimidos, atravesamos unos momentos delicados en nuestra vida, todo no es de color de rosa y debido a esas dificultades buscamos algo que no encontramos, tal vez afecto, tal vez cariño o tal vez comprensión y con ello al no tenerlo nos refugiamos en algo seguro, en algo con lo que nos sintamos bien o al menos que nos quite ese malestar que sentimos muy dentro y ese algo puede perfectamente ser ese pensamiento, aunque sea irracional.

Este tipo de pensamiento hay que aceptarlo igual que se acepta el viento en la cara cuando vas paseando, al aire no puedes decirle que no roce tu piel va a hacerlo de todos modos, lo mismo con los pensamientos negativos, no puedes evitar que entren en tu mente, es natural que tu cerebro genere pensamientos tanto positivos como negativos, a los positivos les haces caso y obras conforme te los dicta tu cerebro porque sabes que te llevaran a buen término y con los negativos simplemente tienes que practicar el “pasar de ellos”, ignorarlos, es posible que en un principio de cueste hacerlo porque son hábitos cogidos, pero no te costará ni más ni menos que lo que cuesta cualquier cambio de actitud, y capacidad tenemos, todos.