El trastorno obsesivo compulsivo es uno de los más complejos de abordar, según los estudiosos del tema, se llega a considerar como un trastorno crónico, aunque la sintomatología puede mejorar notablemente con un tratamiento combinado de psicofármacos y terapia de exposición y prevención de respuesta.

Una de las respuestas típicas del paciente que sufre este trastorno es la inseguridad que le produce, no solo en el área que sufre la obsesión sino que se extiende a otras, principalmente de carácter social. Él o ella tratan de centrarse, de captar todos los detalles, no siendo que los demás se den cuenta de su negligencia, de su incapacidad para ser igual que los demás, esto le aterroriza y es el caldo de cultivo perfecto para que las obsesiones se difuminen por su vida. Por ejemplo una persona que despacha medicamentos, o un médico que los receta, tiene la obsesión de que cualquier despiste por su parte puede acarrear que el estado del paciente pueda agravarse hasta límites insospechados, en este caso afecta a una situación concreta y en otro ámbito de su vida social en una reunión con amigos debe prestar atención a todo lo que dicen pues en caso contrario pueden pensar que no les hace caso o peor, que no entiende todo lo que se desarrolla en la conversación, con ello consigue dos cosas: que no disfruta de sus amigos y que estos pueden llegar a pensar que fulanito lo raro que está, justo lo que pretende evitar a toda costa.

La presencia de pensamientos perturbadores o intrusos no es un síntoma psicopatológico, en realidad afectan a más del 80% de las personas consideradas normales, pero si es la interpretación catastrófica y distorsionada que se hace de ellos y el significado que se les otorga lo que acaba en la obsesión y en el mantenimiento del trastorno, con la consiguiente ansiedad y malestar. Para ello el paciente realiza compulsiones, es decir conductas manifiestas o encubiertas con el objeto de reducir esa ansiedad, al realizarlas consigue que la ansiedad se reduzca a corto plazo, pero a largo plazo fortalece la obsesión, al no mantener una exposición en su cerebro a dicha obsesión, dicho sea que está demostrado científicamente que la exposición es lo que debilita los miedos y los temores y por ende las obsesiones.

Para conseguir romper este círculo vicioso y conseguir cambios a largo plazo, es necesario poner atención en los procesos cognitivos implicados en la sintomatología, como el sesgo atencional o el significado interpretativo. Este último no es una cuestión de excusarse con la forma de ser de cada uno, de la misma forma que se ha llegado a una conclusión con respecto a un tema por diferentes motivos, analizando o revisando esos motivos se puede cambiar la conclusión a la que se llega de la misma manera que se llegó a la original y aceptar plenamente esa resolución. Estas creencias se encuentran almacenadas en la memoria a largo plazo y por las cuales otorgamos un significado personal a esos pensamientos intrusivos y a las estrategias que usamos para salir de ellos (compulsiones).